La voz de Red Hot Chili Peppers y la artista irlandesa se conocieron en un festival europeo y tuvieron un fugaz romance cuando los estadounidenses preparaban Blood Sugar Sex Magik en Los Ángeles. En ese disco seminal del estilo Red Hot, Anthony Kiedis le dedicó una canción que más tarde explicaría en sus memorias.

Antes de salir de gira con Pearl Jam y The Smashing Pumpkins como teloneros, y antes de que la banda de Billy Corgan fuera reemplazada por Nirvana, Red Hot Chili Peppers había publicado uno de sus discos más alabados.

Corría 1991 y Blood Sugar Sex Magik, donde figura “I could have lied”, tema compuesto por Anthony Kiedis en compañía del guitarrista John Frusciante, era un puñado de maquetas y letras sueltas dirigidas por el productor Rick Rubin.

Según cuenta Anthony Kiedis en sus memorias Scar Tissue(2016, Capitán Swing), el tema lo escribió inspirado en una ruptura: “Mi relación breve y curiosa con Sinéad O’Connor”.

“Conocí a Sinéad en un festival en el que tocamos en Europa, en agosto de 1989”, escribe el cantante. “Flea y yo éramos unos fans enormes de su The lion and the cobra y, de entrada, a mí me gustaban las calvas, porque sabía que si una se afeitaba la cabeza debía ser dura y auténtica y pasar de todo como de la mierda”, dice allí Kiedis sobre la cantautora irlandesa, a quien describe como poseedora de “una voz mágica, unas letras geniales y una presencia tremenda”.

“Nosotros tocamos primero, y durante nuestra actuación fui lo bastante imbécil como para dedicarle ‘Party on your pussy’ a esa luchadora por los derechos de los indefensos, moralmente ética y políticamente correcta”.

Cuando Red Hot Chili Peppers terminó su presentación, Flea y Kiedis se pusieron a un costado del escenario esperando la presentación de la irlandesa. “Subió con un vestido y unas botas militares y tocó su primera nota (…) Viéndola actuar, sentí un deseo mil veces mortal, y entonces soltó un comentario positivo sobre la mención que yo le había hecho. Vale, sabía de mi existencia”.

Después del concierto la buscaron y le hicieron algunos cumplidos por su música y Sinéad los invitó a conversar al backstage. “Era tímida y modesta, y estuvimos hablando hasta que su road manager irrumpió y se la llevó para salir camino a su siguiente concierto”.

Según el cantante, “por miedo a no volver a verla nunca más, regresé corriendo al camerino y le escribí una carta bastante significativa, haciéndole saber que sentía algo por ella”.

Aunque O’Connor la aceptó y se despidió por la ventanilla del autobús, según cuenta Kiedis en Scar Tissue, “nunca pasó nada. Ni una palabra de respuesta. Desapareció en la nube gigante de un mundo distinto y nosotros seguimos nuestro camino, y ahí acabó todo, adiós”.

Podría haber mentido

Varios meses después, Bob Forrest le contó al cantante de los Red Hot que Sinéad O’Connor se había mudado a Los Ángeles y que la habían visto en el Victor’s Deli, uno de los lugares que frecuentaba la banda para desayunar.

“Fue verla y derretirme”, escribió Kiedis para resumir el encuentro. “Me habría casado con ella en el momento. Entablamos una conversación, y le recordé que ya nos habíamos conocido en el festival y que le había dado una nota.

-Ah, sí, me diste una nota. La tengo. En el cajón de la cocina, en casa.

No me lo podía creer.

Y de repente me estaba invitando a cenar”, escribe el músico.

Al poco tiempo ambos empezaron a salir en compañía del hijo de la cantautora.

Escribe Kiedis: “No puedo decir que fuese el escenario típico para una cita, porque Sinéad estaba pasando por una época extraña, pero empezamos a ir al cine y a museos, y le di clases de conducir (…) Salíamos a conducir y a escuchar música y nos besábamos y todo eso, pero no es que Sinéad me dejase exactamente entrar hasta la cocina, por así decirlo. Y no hablo solo vaginalmente. Aquello continuó durante semanas y se convirtió en la relación no sexual más maravillosa que yo había tenido. La adoraba, y todos los días al despertar le escribía un poemita y se lo enviaba por fax”.

Todo cambió en lo que el hombre de “Californication” describe como un “impasse inexplicable”.

“Me puse un poco capullo cuando me contó que iba a ir a los premios de la Academia. Le sugerí que fuésemos juntos y al principio aceptó, pero luego me llamó para decirme que iba con su amigo, Daniel Day-Lewis. Me sentí menospreciado, no tanto porque saliera por ahí con otra persona, como por el hecho de que no fuese yo, porque en ese momento quería estar con ella a toda costa”, escribe Anthony Kiedis en sus memorias.

Según el músico, ni siquiera después de ese incidente Sinéad mostró algún indicio de que el tiempo que pasaban juntos era importante para ella. “Siempre que llegaba a su fin uno de nuestros encuentros, la miraba a los ojos y la veía feliz como un capullo en flor. La cosa iba bien y estábamos encontrando un equilibrio”, apunta Anthony Kiedis.

Entonces vino el desenlace.

“Un día la llamé y le dejé un mensaje en el contestador, y luego salí. Al volver, tenía una respuesta grabada.

‘Oye, Anthony, soy Sinéad. Me marcho mañana de Los Ángeles y no quiero que me llames ni vengas antes de que me vaya. Adiós’.

Me quedé destrozado. De la noche a la mañana, habíamos pasado de ‘estoy ansiosa por volver a verte’ a ‘no me llames ni vengas’. No sabía a quién acudir, así que llamé a John (Frusciante)”, anota.

Red Hot Chili Peppers estaba en plena composición de lo que sería Blood Sugar Sex Magik (1991), su quinto disco de estudio, el más importante del grupo junto con Californication (1999)

“Me sugirió que escribiera”, cuenta Kiedis, “y quedáramos más tarde, esa noche, para hacer una canción. Llevaba dos días seguidos lloviendo cuando me senté a la mesa del comedor, puse la versión de Jimi Hendrix de ‘All along the watchtower’ en bucle para inspirarme y empecé a transcribir una letra sobre lo que acababa de pasarme”.

Según Anthony Kiedis, cuando llegó esa medianoche a casa de John Frusciante, el guitarrista estaba “como un científico loco”. Lo había poseído por completo la idea de terminar esa canción.

“Nos pusimos a trabajar y trabajar y nos quedamos despiertos toda la noche, escuchando aquella lluvia torrencial. Al final, terminamos la canción a las cinco de la mañana”, escribe Kiedis.

Casete en mano, el cantante la llevó en su vehículo hasta la casa de Sinéad, donde la dejó en el buzón sin llamar a la puerta.

“Los años pasaron, nuestro disco salió y la vida siguió. Hubo tragedias y triunfos, éxitos y fracasos, y gente que murió y gente que tuvo hijos, y yo siempre me pregunté cómo sería volver a encontrarla”, anota allí el hombre de “By the way”.

Para el epílogo, una escena narrada por el vocalista de los Red Hot: “Años y años después, estaba en alguna gala estúpida de los premios MTV, porque Flea y yo presentábamos un premio con Tony Bennett, ni más ni menos. Después de la gala, mientras pasaba el rato codeándome con la gente en el aparcamiento de atrás, una limusina se detuvo allí mismo. Miré al interior y vi a Sinéad y a Peter Gabriel. Me acerqué, ella asomó la cabeza por la ventanilla y los dos nos dijimos: ‘Hola’; a mí no me salió nada más y ella me dedicó una sonrisa totalmente falsa. No había nada que decir. Ni siquiera logro recordar si le pregunté si había recibido la cinta. En general, el encuentro fue el intercambio más terrible, incómodo y tóxico del mundo, cero comunicativo. Quizá al final Sinéad me hiciera un favor. ¿Quién necesita ese tipo de problemas?”.

En una entrevista de mayo del 2009 con Q Magazine, Sinéad O’Connor negó haber tenido una relación con Anthony Kiedis: “Salí con él un par de veces y la pelea que tuvimos fue porque me sugirió que podríamos involucrarnos”.

La cantante irlandesa también evitó referirse a la canción “I could have lied”. En la misma entrevista dijo: “No soy fan de los Red Hot Chili Peppers. No puedo soportarlos, no los entiendo”.

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